Saña
Cuando fue
fundada, por disposición del virrey Diego López de Zúñiga, conde de Nieva, la
otrora Villa de Santiago de Miraflores, hoy Saña, no podía imaginar el destino
singular que la esperaba y haría que ciento sesenta años después empezara a ser
conocida con el espectral nombre de “ciudad fantasma”.
En aquel tiempo, Saña pertenecía al corregimiento
de Trujillo y en sus términos empezaban a instalarse numerosas familias de
hacendados que con su riqueza dotarían a la ciudad de bellas mansiones y
contribuirían al esplendor de los varios templos y conventos que edificaron las
varias congregaciones asentadas en el lugar.
La historia moderna
de Saña comienza cuando en 1536 las comarcas de Mocupe y Saña son encomendadas
por Francisco Pizarro al capitán Félix Alonso Morales. Con el correr de los
años, y como la encomienda prosperara, se hizo necesario crear un pueblo de
españoles, y así, el 29 de noviembre de 1563, el capitán Baltazar Rodríguez cumplió
el encargo de fundar, en el emplazamiento del Tambo Real del Valle de Saña, la
villa de Santiago de Miraflores.
La nueva
población estaba ubicada en un fértil valle, cuya posición estratégica entre
los de Jequetepeque y Lambayeque, como punto de encuentro de caminos que
cruzaban el desierto y se internaban en la sierra, y salida natural de
Cajamarca hacia la costa, era reconocida desde antes de la invasión hispana. No
resultaba extraño, por eso, que el valle contase con obras de irrigación y que
los nuevos dueños del país lo encontraran adecuado para asentarse en él, ahora
bajo los términos de las ocupaciones hispanas. Ahora, además, sería un lugar
intermedio entre los dos asentamientos hispanos más importantes de la costa
norte: Trujillo y Piura. Para dar una idea de la riqueza agrícola de la
comarca, basta decir que en u territorio estaban las que luego se llamarían
haciendas Tumán, Pucalá y Cayaltí.
El florecimiento
de Saña, después de unos inicios modestos, fue muy rápido, y aunque experimentó
muchas vicisitudes durante su relativamente corta vida, las más importantes
fueron su saqueo por parte del pirata flamenco Eduard David, y, por supuesto,
la creciente del río que la arrasó en 1720 y acabó con sus posibilidades de ser
la segunda ciudad del Perú. El primer hecho ocurrió el 3 de marzo de 1686,
cuando alrededor de doscientos piratas tomaron tierra en la desembocadura del
río Saña, junto al puerto de Chérrepe, enrumbaron al interior y se apoderaron d
la ciudad, cometiendo numerosas tropelías y apoderándose de un botín de al
menos 200 000 pesos.
Para este tiempo, Saña tenía ya fama no sólo de rica, sino
también de disoluta. Algunos culpaban de ese relajamiento a los propietarios de
los numerosos africanos y sus descendientes que trabajaban las haciendas del
valle, quienes permitían que los esclavos conservaran sus “relajadas” costumbres
y creencias, las cuales, por lo demás eran imitadas por sus dueños. De ahí que
cuando se registró el saqueo, y todavía más al producirse la ruinosa inundación,
las gentes atribuyeran a esos sucesos la condición de castigos divinos por tan
liviana moral. 
Saña hubiera sido la segunda ciudad mas importante de nuestro Perú.
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